miércoles, 14 de septiembre de 2011

Capítulo 3. Su mano con la mía.

Llegué a casa y dejé el bolso en la mesa que hay justo al entrar. Me eché en el sofá a ver la tele y me quedé dormida. Estaba muerta de cansancio. Al rato sonó mi móvil. Un mensaje de texto. Me levanté sin ganas y lo leí. “Anna, estamos en el bar que está cerca de tu casa Dani y yo. Vente y nos tomamos algo. Es una quedada informal, no vale hablar de trabajo. Un besin” Era de Flo. Aunque no había descansado del todo me apetecía bajar y reírme un rato.  Me cambié de ropa para bajar con algo más cómodo, cogí el bolso, cerré la puerta y me fui.

Entré en el bar y tras unos segundos los localicé. Estaban sentados uno en frente del otro en una mesa un poco apartada de las demás. Había poca gente por suerte. Me acerqué a ellos y en cuanto me vieron sonrieron. Me senté entre ambos.

-¿Qué quieres tomar Annita? –me preguntó Flo.
-Un cortado.

Se levantó de la mesa para pedirme el café y supongo que otro par de cervezas para ellos porque ya las habían terminado. Miré a Dani y me sonrió. Esta vez yo también le sonreí, pero de verdad, no una media sonrisa, ni una mueca. Una sonrisa.

-Me alegro de que hayas venido- dijo hablando un poco más bajo mientras me tocaba la pierna con la mano.

Nos lo estábamos pasando genial. La verdad es que cuando acabábamos el programa solíamos tomar algo todo el equipo, pero hacía tiempo que no estábamos fuera los tres solos. Hablamos de todo un poco, incluso alguna cosa del programa soltamos, aunque todo se basaba en contar anécdotas divertidas, en reírnos, pasarlo bien. En éstos momentos son en los que me doy cuenta de que no sé qué haría sin ellos.

Tenía mi codo derecho apoyado en la mesa, y el otro brazo más relajado, con la mano izquierda medio apoyada en la mesa. De repente noté algo en mi mano. Miré disimuladamente y sí, era lo que imaginaba. Dani estaba rozando con su mano la mía. De forma discreta, sólo con su dedo meñique. Le miré. Él estaba mirando a Flo, ya que era él el que estaba hablando, contando una vieja anécdota de una barbacoa con su mujer y sus hijos. Yo sonreí, inconscientemente lo hice. Creo que se dio cuenta. Bajó la cabeza y se mordió el labio inferior.

-¡Chicos! –Dani y yo pegamos un bote. Él dejó de acariciarme y yo moví mi mano rápidamente – tengo que irme ya. He quedado con mi mujer para ver no sé qué movidas suyas.

Se despidió de nosotros. A mi me dio dos besos y a Dani una palmadita en la espalda. Ambos seguimos a Flo con la mirada hasta que se cerró la puerta del bar. En ese mismo instante no puedo decir qué es lo que pasó. Dani y yo nos miramos. Creo que estábamos sonriendo. Nos quedamos solos. Él y yo. Ninguno de los dos decía nada. Creo que él no estaba por la labor de hablar, así que me decidí, y hablé yo.

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